La Caída de los Influencers: la Psicología detrás del rechazo
- Aron Alma

- hace 10 horas
- 7 min de lectura
En agosto de 2026, una expresión está ganando presencia en las redes sociales: «La Caída de los Influencers». Cada vez aparecen más vídeos criticando a personas a las que, paradójicamente, esas mismas redes otorgaron una enorme capacidad de influencia, reconocimiento y proyección social.
Tanto es así que algunos se aventuran a vaticinar el final de una era.
Pero ¿realmente estamos ante la caída de los influencers? Y, sobre todo, ¿qué ha ocurrido para que algunas personas pasen de seguir, admirar e incluso identificarse con determinados creadores a criticarlos o rechazarlos?
Quizá la respuesta no esté únicamente en lo que han hecho los influencers, sino también en cómo ha cambiado nuestra relación con ellos. Desde la Psicología Social podemos acercarnos a algunos de los procesos que podrían ayudarnos a entender qué está ocurriendo.

El auge de los influencers: ¿cómo llegaron a tener tanta influencia?
La enorme presencia social de los influencers no apareció de la noche a la mañana. Hay, al menos, dos grandes transformaciones que ayudan a entender cómo llegamos hasta aquí.
La primera es evidente: la expansión de las redes sociales y su incorporación a nuestra vida cotidiana.
Las plataformas permitieron que el contenido creado por cualquier persona pudiera alcanzar audiencias enormes y, además, formar parte de su rutina diaria. De alguna manera, las redes sociales han ocupado parte del espacio que durante décadas perteneció a la televisión: proporcionan entretenimiento, información, conocimiento y conversación social.
Desde la época de los primeros youtubers, esa relación se ha vuelto cada vez más inmediata. YouTube permitió seguir periódicamente a determinados creadores; Instagram introdujo todavía más su vida cotidiana en nuestras pantallas; y TikTok aceleró la producción y el consumo de contenidos breves, continuos y altamente viralizables.
Pero hubo un segundo acontecimiento que aceleró todavía más esta transformación: la pandemia de COVID-19. Las restricciones modificaron radicalmente nuestras posibilidades de ocio, socialización y entretenimiento. Pasamos mucho más tiempo dentro de casa y las pantallas adquirieron un protagonismo todavía mayor.
Pero ocurrió algo más: las redes no solo ofrecían la posibilidad de observar. También permitían participar.
Millones de personas comenzaron a crear vídeos, reproducir tendencias, participar en retos o experimentar con sus propios contenidos. La distancia entre espectador y creador se redujo. Cualquier persona con un teléfono podía, al menos potencialmente, convertirse también en creadora de contenido. En ese escenario, la figura del influencer encontró unas condiciones excepcionales para crecer.
La caída de los influencers: ¿de dónde viene?
Como diría Newton, todo lo que sube baja. Pero la manzana no se teletransporta de arriba abajo, sino que hay una proceso. Sea más o menos rápido, se la ve caer. Así que también lo que vemos hoy en La Caída de los Influencers, es un proceso que se ha ido gestando.
Este movimiento de rechazo y crítica a los influencers surge a partir de algunos de los videos que se han viralizado de algunos de ellos. En estos videos, por ejemplo, podemos ver a una influencer quejarse de no tener vacaciones de 3 meses como la mayoría -cuando en realidad la mayoría de la población no tiene este privilegio-. También se viralizó el video de un joven influencer en el que señalaba el eclipse como una cortina de humo, cuando realmente es un fenómeno natural que nadie puede edulcorar. También algunos influencers han comentado cuánto ganan con cifras desorbitadas para el sueldo medio de las personas. Incluso durante el último evento de La Velada -un encuentro entre influencers para combatir en boxeo- una influencer reveló a una encapuchada siendo su hermana, como presentación social de la misma y como mensaje al público de “seguirla y hacerla influencer”.
Todas estas declaraciones y sucesos han ido alimentando la desilusión y desconexión de las personas ante los influencers. No es algo nuevo, puesto que la exposición social siempre genera polarización: personas que adoran y personas que rechazan. Sin embargo, cuando el contenido se vuelve muy lejano a las personas, esa adoración disminuye y se pone en duda.

La Psicología detrás de la Caída de los Influencers
Volvamos a nuestra manzana. No cae porque sí. Existe una fuerza invisible que no vemos directamente, pero cuyos efectos podemos observar.
Con los fenómenos sociales sucede algo parecido. Vemos vídeos críticos, comentarios, pérdida de identificación o defensas cada vez más intensas, pero detrás de esas conductas pueden estar actuando procesos psicológicos menos visibles.
Uno de los que puede ayudarnos a comprender este fenómeno es la disonancia cognitiva.
Leon Festinger formuló su teoría de la disonancia cognitiva en 1957. En términos sencillos, propuso que cuando mantenemos cogniciones incompatibles —ideas, creencias o actitudes que entran en contradicción— puede aparecer un estado de incomodidad psicológica que nos motiva a reducir esa inconsistencia (Festinger, 1957).
Imaginemos ahora a una persona que lleva años siguiendo a un influencer.
Lo admira. Se identifica con él. Le cae bien. Ha seguido sus viajes, sus relaciones, sus éxitos y quizá incluso ha comprado productos que recomendaba.
Pero, progresivamente, comienza a escuchar afirmaciones que chocan con la imagen que había construido de esa persona.
«Me identifico contigo» empieza a convivir con «cada vez entiendo menos tu realidad».
«Admiro lo que has conseguido» puede convivir con «no comprendes la vida de la mayoría de las personas».
«Creo que compartimos determinados valores» puede encontrarse con «acabas de defender algo con lo que estoy profundamente en desacuerdo».
Ahí aparece una contradicción incómoda. Podemos intentar resolverla justificando: «se ha expresado mal», «está sacado de contexto», «todo el mundo se equivoca». Pero ¿qué ocurre cuando las contradicciones se acumulan?
En algún momento puede resultar más sencillo modificar la propia valoración del influencer que continuar justificando cada nueva contradicción. Y entonces puede romperse algo mucho más importante que un simple follow: la identificación.
En las personas esto tiene como consecuencia una gran desilusión, sentimientos de decepción e impotencia porque aquella persona que se le daba valor, ahora hay una percepción de que no lo merece.
Hay un punto en el que esta ruptura de la identificación es tan abrupto, que no hay recurso que podamos utilizar para resolver la Disonancia Cognitiva que nos genera. Es decir, no hay manera que nuestro cerebro nos trampee para seguir cómodos con lo que vemos. No hay forma de justificar.

5 razones que explican la Caída de los Influencers
Si bien la Disonancia Cognitiva es el principal proceso psicológico que explica lo que está sucediendo actualmente, vamos a desgranar todos los factores que nos han llevado a dónde estamos.
1. La normalización de lo excepcional
La vida que ahora puede sorprendernos de algunos influencers no apareció repentinamente. Viajes constantes, ingresos elevados, acceso a eventos exclusivos, colaboraciones con grandes marcas o estilos de vida difícilmente accesibles para la mayoría llevan años formando parte del contenido que consumimos. La exposición continuada puede hacer que aquello excepcional termine pareciendo cotidiano. Pero basta con que algo rompa esa normalidad para que volvamos a observar la distancia.
De repente, lo que antes parecía aspiracional puede empezar a parecer privilegiado.
2. Nosotros también hemos crecido
Este factor puede pasar fácilmente desapercibido. Los seguidores también envejecen. La persona que comenzó a seguir a un creador con 18 años no necesariamente interpreta el mundo de la misma manera cuando tiene 25 o 30. Aparecen nuevas responsabilidades, experiencias laborales, preocupaciones económicas, relaciones y prioridades. Y eso puede modificar aquello que esperamos de las personas con las que nos identificamos.
El influencer puede seguir produciendo un contenido parecido, pero su audiencia ya no es la misma.
3. Una audiencia más exigente
Ligado al punto anterior, cuando se crece ya no sirve un contenido vacío. Cada vez se pide un contenido que incluya más valores, sentido crítico y con una mayor madurez. Porque los espectadores han madurado y las personas con las que se identifican deben mostrar el mismo grado de madurez. El problema: muchas personas piensan que si algo funciona, no lo cambies.
Aquí puede aparecer una distancia creciente entre ambas partes: el espectador cambia su demanda mientras el influencer mantiene su oferta.
4. El miedo a posicionarse
Durante años, algunos creadores han evitado pronunciarse sobre cuestiones sociales, políticas o controvertidas. La razón resulta comprensible: posicionarse implica asumir un riesgo. Cuanto mayor sea la audiencia, más probable es que una opinión choque con los valores de una parte de quienes siguen a esa persona. Mantener una posición aparentemente neutral puede proteger alcance, colaboraciones y reputación.
Pero la neutralidad también comunica.
En determinadas circunstancias,la audiencia puede interpretar no posicionarse como una forma de posicionamiento: falta posicionarse en temas fundamentales y usar de forma ética el canal.
5. Cuando aparece la cara que no conocíamos
Ninguna imagen pública puede controlarse completamente. Con el tiempo, nuestras decisiones, comentarios y comportamientos revelan información sobre nuestros valores, prioridades y forma de interpretar el mundo. Y cuando esa información contradice la imagen que alguien había construido sobre un influencer, puede aparecer la decepción. Además de que el esfuerzo en ocultar y tapar es perceptible y por tanto, disminuye la sensación de honestidad.
Es decir, no es porque el influencer haya cambiado. Quizá simplemente hemos descubierto algo que antes no conocíamos.

Estos factores pueden crear el escenario para que una sucesión de declaraciones aparentemente independientes termine convirtiéndose en algo colectivo. La famosa gota que colma el vaso. Pero cuando el vaso se desborda, no todas las personas reaccionan igual.
La Caída de los Influencers: el nuevo Olimpo de dioses y seguidores
Hemos dicho que, cuando la distancia entre la realidad del influencer y la de sus seguidores se hace demasiado grande, llega un momento en el que resulta difícil seguir justificándola.
¿O quizá no?
Porque no todas las personas reaccionamos de la misma manera. Para algunas personas, esa ruptura puede terminar en decepción y rechazo. Para otras, especialmente cuando existe una fuerte identificación, puede ocurrir justamente lo contrario: la crítica externa refuerza todavía más la defensa del influencer.
Y es ahí donde comienza la polarización. Quien admiraba y se identificaba con el influencer puede sentirse empujado a defenderlo todavía más. Aparecen seguidores dispuestos a justificar sus declaraciones, contextualizar sus comportamientos o explicar qué quiso decir realmente, incluso cuando el propio influencer no lo ha hecho. Casi como profetas que interpretan los designios de los dioses para que el resto de los mortales podamos entenderlos.
En el extremo contrario encontramos a quienes han pasado de la identificación a la desilusión, el rechazo o incluso el enfado. Personas que empiezan a percibir que aquella figura a la que admiraban vive en una realidad completamente alejada de la suya.
Y entonces aparece una pregunta incómoda: ¿Cómo seguir identificándote con alguien que no vive tu realidad y que, en ocasiones, parece incluso desconocerla o infravalorarla?
Así se van construyendo dos posiciones cada vez más enfrentadas. Para unos, cualquier nueva polémica confirma que los influencers viven desconectados de la realidad. Para otros, cualquier crítica confirma que existe una persecución injustificada contra ellos.
Y mientras ambas posiciones se enfrentan, sucede algo curioso: la discusión se libra principalmente abajo.
Son seguidores y detractores quienes discuten, justifican, atacan y defienden. Quienes deciden si continúan otorgando reconocimiento o empiezan a retirarlo. Durante años hemos elevado a determinadas personas hasta una especie de Olimpo digital, otorgándoles atención, reconocimiento y capacidad de influencia.

Ahora, mientras abajo adeptos y detractores discuten sobre si ese Olimpo debe seguir existiendo, quizá la pregunta verdaderamente importante sea otra:
¿Qué decisiones tomarán quienes viven en el Olimpo de los influencers cuando descubran que el reconocimiento que los llevó hasta allí también puede desaparecer?
Referencias
Festinger, L. (1957). A theory of cognitive dissonance. Row, Peterson.



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